31 agosto 2014

Rumbo a la comunidad de Cuevas, Iturbide, Nuevo León

El pasado mes de abril recorrimos la sierra madre oriental del municipio de Iturbide en el estado de Nuevo León, el objetivo primordial era conocer los ecosistemas que ahí se ubican, comenzando el recorrido en la cabecera municipal de Linares para salir por el municipio de  Villa Mainero en Tamaulipas, es decir una especie de U pero por la sierra.

El viaje comienza subiendo por el matorral espinoso tamaulipeco de la ladera este de la sierra, adelante en el faldeo se ubican los matorrales submontanos, únicos en el mundo, más adelante nos internamos por el cañón de Iturbide o Santa Rosa donde los matorrales se funden con los encinares y posteriormente éstos con los bosques mixtos de pinos, al llegar a la cabecera de Iturbide los pinares se convierten en chaparrales y matorrales xerófilos, pues la lluvia se queda atrapada en las murallas de la sierra y escasea, permitiendo el desarrollo de éstos ecosistemas semiáridos.

Encinares del cañón de Iturbide, Nuevo León, México.
Iturbide es un pueblo pequeño, la cabecera de un municipio totalmente inmerso en la sierra madre oriental, al llegar por la carretera que conecta al municipio de Galeana se abre otra brecha que conduce a comunidades, rancherías y ejidos que están enclavados en las montañas. Al subir por ese camino el primer punto es la laguna de Santa Rosa, que la mayoría del año está seca, pero durante la temporada húmeda los huracanes pueden llenarla. En su lecho hay potreros, cultivos de maíz y huertas de frutales de climas templados como manzanas y ciruelos.

Panorámica de la Laguna de Santa Rosa, Iturbide, Nuevo León.



En esta parte se acaba el camini pavimentado y sigue la brecha de 24 km hacia Camarones, es una de las últimas localidades antes de la guarda raya con el estado de Tamaulipas hacia la comunidad de Venustiano Carranza (La oveja) en el municipio de Villa Mainero. En la Laguna de Santa Rosa se abre otra brecha que conduce al Bosque Escuela de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Autónoma de Nuevo León.


Bosque Escuela de la FCF, UANL.

Casa típica de adobe y piedra en la comunidad de Santa Rosa, Iturbide, Nuevo León.
Aquel día nos encontramos con una mula con su horqueta de madera en el lomo que ayuda a distribuír el peso de la carga ya sea de leña, paja, costales etc., cabe mencionar que las mulas y los m machos son los decendientes híbridos de la cruza entre las especies Equus ferus caballus ya sea caballo o yegüa y Equus africanus asinus ya sea burro o burra. En la sierra se acostumbra andar en mula o macho debido a que es más resistente que un caballo y más velóz que un burro, además es muy bueno para andar en terrenos agrestes descendientes sin que "se les vayan las patas" hacia los defiladeros.


Brecha para Camarones, Nuevo León.Al fondo se observa el Cerro Barranco Blanco.
Una mula esperando a su dueño.
Las mulas son las mejores "bestias" para moverse y transportar carga en la sierra a grandes distancias.

Adelante de la laguna de Santa Rosa, un valle intermontano, se llega al Puerto El Novillo, desde donde se angosta un el cañón El novillo hacia el sureste por donde comienzan los chaparrales con pinos piñoneros dispersos en las laderas de exposición noreste que son más bajas y del lado de las laderas oeste. Es complicado definir con precisión las características absolutas que definen estas comunidades florísticas, no obstante a grandes rasgos y como su nombre lo indica, los chaparrales son comunidades de porte bajo o porte arbustivo que crecen en la parte alta de la sierra sobre laderas expuestas a la acción directa del sol y de vientos fríos, cuya característica radica por poseer especies de hojas perennes esclerófilas, particularmente adaptados a ambientes secos y fríos (de la Lata-Gómez, 2006) como los encinos, rosáceas y ericáceas, donde las condiciones de sombra orográfica son aparentes y se supone son el relicto de la expansión de los climas secos durante el Mioceno (García-Morales, 2009). Mucho más altas se ubican los bosques mixtos, incluso con la presencia dispersa de chamales (Dioon angustifolium). 

Cañón El Novillo rumbo a la comunidad de Cuevas.
Chamales en el Cañón del Novillo.


Philadelphus calcicolus. Jazmín.
A este género (Philadelphus) se le considera ornamental y en el centro de México le llaman Mosqueta, en la zona se conoce como Jazmín.

Después de 12 km de ir por el cañón El Novillo se llega a las adjuntas del arroyo Las Chorreras y el escurrimiento el Novillo, aquí ya está cerca la comunidad de Cuevas y Lampazos y andando un poco por el arroyo en busca de fauna acuática observamos que a ambos lados del talud se pueden observar profundas oquedades esculpidas por la fuerza del paso del agua, formando "cuevas" y quizá de ahí provenga el nombre del ejido.

Arroyo Las Chorreras proveniente de la parte alta del municipio, escurriendo rumbo a Tamaulipas.

Panorámica del arroyo Las Chorreras, con taludes con oquedades en forma de cuevas horadadas por el agua.

En esta parte del arroyo abundan las oquedades horadadas en la roca y el suelo yesoso de suave conglomerado.

Arriba hay cruces, desconocemos la manera de como las colocaron.
Arroyo Las Chorreras desde Cuevas hacia Lampazos.
Después de este punto se llega a la comunidad de Cuevas, está a 920 m de altitud y ahí habitan alrededor de 120 personas. 

Comunidad de Cuevas, Iturbide, Nuevo León.
Tomando el fresco. En estas localidades todo es tranquilidad.

Frente a la comunidad hacia el oriente está el cañón del arroyo el Novillo el cual se interna entre las montañas hacia las partes bajas, éste arroyo unos km mas hacia abajo se llama Pablillo y viene a desembocar en Linares, N. L. El cañón desde donde se interna en cuevas es también llamado Cañón de Pablillo y tiene paredes verticales impresionantes y el río corre de color turquesa. Aquí anexo una foto de internet cuyo autor se llama Andoexplorando.

Cañón del Río Pablillo. Tomada de Panoramio.

Arroyo Novillos que más adelante se interna en el Cañón de Pablillo y toma el mismo nombre.
Rumbo al Cañón de Pablillo.

Arroyo El Novillo en la comunidad de Cuevas, Iturbide, Nuevo León.

Pasando Cuevas hay una pequeña cañada en donde escurre otro arroyo, el arroyo La Purisima. Éste arroyo obtiene su nombre de la comunidad de La Purisima en donde hay dos áreas naturales protegidas de carácter estatal debido a la presencia de ecosistemas raros como el bosque de cedros (Cupressus arizonica) y el bosque de oyamel (Abies vejarii var. mexicana) y además tiene el atractivo turístico de la Cascada La Purísima. En esta parte está el puente que pasa sobre el arroyo y hay cabañas en renta en la comunidad de Tijeras. Justo al lado de las cabañas nos percatamos de una cactácea epífita localmente llamada pitaya del género Hylocereus. Lamentablemente no tenía la flor abierta, aunque ya no faltaba mucho para abrir.

Pitaya, Hylocereus sp.
Pitaya, fruto de sabor agridulce.

Adelante de pasar el puente del Arroyo La Purisima y la comunidad de Tijeras se encuentra la localidad de Jazmines y de nuevo el camino se angosta en un cañón llamado Cañón Jazmines, en donde podemos ver como las comunidades en estas zonas protegidas de la exposición solar se comienzan a transformar en encinares.

Comunidad de Jazmines rumbo a Camarones.

Arroyo temporal.



En éstas áreas protegidas del intenso sol es común encontrar especies como los encinos.
En las laderas adyacentes al arroyo temporal se pueden observar encinares.

Pasando Jazmines el cañón se ensancha otra vez y sobre el camino hay un par de "guardaganados"  que es una estructura en forma de parrilla hecha con tubos de acero que se empotra en un foso hecho de concreto entre terreno y terreno para que cuando las vacas intenten cruzar se vean desanimadas debido a que se les resbalan las pezuñas, pero lo que llama la atención los señalamientos para indicar que la maquinaria pesada (que por lo general son las máquinas que arreglan el camino) no deben pasar por sobre los guardaganados, sino que deben abrir un falsete o puerta que está al lado para que no los arruinen.

Ejemplo de guardaganado.

Advertencia para la maquinaria pesada.


El falsete es una puerta rústica.

Los guardaganados sobre las brechas tienen la función de impedir que el ganado cruce de un terreno a otro.
Finalmente llegamos a la comunidad de Camarones, la vegetación aquí es chaparral mezclado con laderas semiáridas y hasta yucas pudimos observar dentro del pueblo. Regresamos de vuelta los 24 km hasta Iturbide y de ahí otros 45 km hasta La Loma, Linares.
Yucca filifera en medio de la comunidad de Camarones, Iturbide, Nuevo León.


03 agosto 2014

Permacultura desde mi biorregión

Desde hace algún tiempo, conocí lo que significa el término Permacultura. Fue allá por el año 2008, mismo año en el que abrí este espacio, cuando comencé por motivos laborales a leer mucho acerca del término y sencillamente quedé, como la mayoría, encantada a primera vista. Bill Mollison, un habitante de la sureña isla de Tasmania fue quien junto con su pupilo David Holmgren, a través de investigaciones, tesis y prácticas de campo, acuñaron el término y Mollison incluso es llamado el padre de la permacultura. Su bibliografía es extensa y suele estár relacionada a la manera en que los humanos deberíamos de obtener nuestros recursos a través de una agricultura que permanezca, no que degrade la tierra fértil. 


Bill Mollison.

Ésta es alguna de la bibliogrfía de Mollison y Holmgren:
  • Permaculture One: A Perennial Agriculture for Human Settlements (con David Holmgren, Trasworld Publishers, 1978)
  • Permaculture Two: Practical Design for Town and Country in Permanent Agriculture. Tagari Publications, 1979
  • Permaculture - A Designer's Manual. 1988.
  • Introduction to Permaculture. 1991, revisado 1997.
  • The Permaculture Book of Ferment and Human Nutrition. 1993, revisado 1997.
  • Travels in Dreams: An Autobiography. 1996. 
  • The Permaculture Way: Practical Steps To Create A Self-Sustaining World, con Graham Bell. 2005.
  • Smart Permaculture Design, con Jenny Allen. 2006.
La Permacultura no solo ha sido un término más a memorizar, ella se ha vuelto una oleada de nuevas propuestas de vida, se ha convertido en  toda una forma de pensar y un estilo en el cual podemos basarnos para entender desde otra arista, nuestro paso por la tierra.



Cuando conocí la permacultura, comencé a investigar, me volví insaciable y desee estar presente en todos los cursos  que veía publicados en internet, todos, o casi todos ofrecidos en granjas ecológicas en el centro-sur de México. Propuestas como Granja Tierramor en Michoacán, Centro Nierika en Edomex, Las Cañadas en Veracruz, Huehuecoyotl en Morelos, San Isidro en Tlaxcala, Granja Tierra del Sol en Oaxaca, el Octógono de Ruta Ahimsa en Querétaro, Intituto de Permacultura en Guanajuato y muchos más, fueron mi inspiración durante un par de años.




Sin embargo, como todo lo que no conocemos, al principio puede deslumbrarnos y una vez que lo hemos probado y lo conocemos, podemos dar un juicio mucho más acertado de su naturaleza. Así me pasó con la permacultura. 

El término en sí es una cajita de pandora, pues una sola palabra engloba todo un mundo de conocimientos que actualmente está "inn" en el mundo de los hipsters, ese grupo de la población urbanita actual que alardea de vivir consiente y ecológicamente. Considero loable lo que muchas personas al rededor del planeta han hecho con la luz que la permacultura les ha traído a sus vidas, desde cambiar pequeños hábitos como separar sus deshechos para hacer composta, hasta diseñarse sus propias casas bioclimáticas e irse a vivir a las famosas ecoaldeas.



No obstante todo lo bueno que la permacultura traída desde Tasmania puda haber provocado en el mundo, o desde mi caso, en México, me temo (y ojalá me equivoque), que más que ser un saber universal para que todos cambiemos la relación con el entorno, se ha convertido en una moda hipster bastante redituable en pesos, dólares, euros...






Fueron varios los cursos a los que deseé asistir con todo el corazón  para conocer una forma armónica de vivir, pero los costos siempre estuvieron fuera de mis posibilidades económicas. Entonces, como parte de mi trabajo etnobotánico en la Sierra Madre Oriental, la luz del conocimiento se me transmitió de otra forma, que desde mi forma de ver el mundo fue noble y transparente.


Creo que después de haber quedado maravillada con el término y lo que implica, llegué a la simple y llana conclusión (muy personal) de que más bien Mollison y Holmgren no cometieron más que la puntada de descubrir el hilo negro, como vulgarmente decimos en México para referirnos a que hay cosas que no se pueden descubrir porque ya son más que obvias o ya han sido anteriormente descubiertas.



Lo mismo creo que es la permacultura: el hilo negro de conocimientos que desde siempre han estado presentes en nuestros ancestros, solo que se les conjuntó y se fusionaron con una serie de adaptaciones y tecnologías modernas para convertirlo así en la llamada permacultura.
Pero en la raíz, el conocimiento de la permacultura subyace ahí, en lo local y en el devenir cotidiano de las personas del campo, que si bien con la incursión del falso progreso capitalista han transformado muchos saberes en técnicas nocivas, en el fondo el saber es el mismo y les ha permitido vivir en armonía con su ecosistema por cientos o quizá miles de años.

 




Desde los pericúes y cochimíes de Baja California Sur, hasta los Mayas de Quintana Roo, todas las étnias mexicanas tienen ese conocimiento etnobiológico de su entorno que les ha permitido prosperar en desiertos, selvas, montañas, costas y hasta pantanos. Si ese conocimiento se fusiona con los principios de la permacultura, imagínense el mundo de posibilidades está a nuestro alcance.

Fuera de espiritualismos e ideologías, el diseño de una vida en armonía con el entorno natural debe ser una meta para aspirar por todos, no una moda entre un grupo pequeño de personas, tampoco debería ser algo que se venda en forma de PDC (Certificación de Diseño de Permacultura), debido a que ese conocimiento no se forjó de pronto en la mente de Mollison y Holmgren, ese conocimiento ha existido desde que la humanidad se volvió sedentaria y comenzó a cultivar sus propios alimentos. Ese conocimiento es ancestral, milenario y sobre todo: libre, gratuito, permanente y heredable a través del tiempo.


El saber diseñar una vivienda vernácula desde los materiales locales, el conocer la dirección del viento, los nombres de las montañas, la posición de las cañadas, la época de siembra de las hortalizas, el jiloteo del maíz, la forma de acarrear el agua a través de acequias, la adaptación de las plantas autóctonas, el clima, la leña... todo ese conocimiento es PERMACULTURA PURA, y está ahí, en nuestros abuelos del campo, gratis y muriendo ante el desánimo de las nuevas generaciones rurales que migran incesantes a los núcleos urbanos, solo para descubrir que en la ciudad, muchos jóvenes urbanitas ahora quieren estar a la moda y ser ecológicos sembrando tomate en su azotea. Es parte de la solución, pero es solo la punta de una gran montaña, sin comprender los nexos que las ciudades tienen hacia los alimentos que provienen del campo, un campo mexicano devastado por los agroquímicos, los transgénicos y los monocultivos, poco podremos rescatar, no es cuestión de modas, es cuestión de sobrevivencia.

Por ello he decidido abandonar la búsqueda de conocimiento a través de la permacultura únicamente. Ahora que se que el verdadero conocimiento nace en lo local, ese saber que se está extinguiendo, en el seno de mi mexicaneidad, nace desde mi BIORREGIÓN aquí en la sierra y esa extremosa llanura costera, no tengo porqué tener como objetivo primordial asistir a cursos costosos traídos del otro lado del mundo, ni mucho menos certificarme, cuando la base medular de lo que necesito saber brota de nuestros ancestros del campo, ese saber ancestral que combinado con muchos de los saberes actuales hacen el mejor curso de permacultura, ese que se transmite en un mercado, una vereda o algún ranchito, ese saber que va suave de boca en boca, entre sorbos de café, pulque o agua fresca. Un saber ancestral-local- etnobiológico que debemos adoptar como nuestro y evitar que se pierda en el mar de las modas globales.