26 abril 2016

La Región Biocultural de la Huasteca (Parte 1)



El territorio biocultural de la huasteca comprende seis estados y alrededor de 110 municipios, es una región geológica, biológica y culturalmente heterogénea que se localiza en el noreste de México y cuyos límites territoriales son variables, pero que comparte la singularidad de representar el límite norte de la zona cálido-húmeda en el continente americano y con ello el extremo boreal del área de distribución geográfica del bosque tropical perennifolio. Esta se ubica en los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo, Querétaro y Puebla (Fig. 1).
Figura 1. Localización de la Huasteca, (por municipios considerados dentro de ésta región biocultural).

Su historia cultural se remonta a más de 3,500 años, cuando grupos de Mayas provenientes de la península de Yucatán colonizaron los fértiles valles costeros al pie de la Sierra Madre Oriental, desde el Río Soto La Marina, hasta el Río Cazones, al norte de la llanura del Golfo de México.

Estos grupos mayenses quedaron aislados de la península y desarrollaron su propia cultura en los valles fértiles que antaño estuvieron cubiertos por selvas altas perennifolias, las más septentrionales del continente, al sur del estado de Tamaulipas, el oriente de San Luis Potosí y el norte de Veracruz bañados por las aguas de los Ríos Guayalejo, Tampaon y Pánuco respectivamente. El vestigio más espectacular de su cultura, son las ruinas de la ciudad de Tamtok en el actual municipio de Tamuin en San Luis Potosí.

Geología 

Durante eras geológicas antiguas la Huasteca fue parte de un mar interior y no fue sino hasta la era Cretácica cuando a través de procesos orogénicos hubo un levantamiento de las placas marinas de rocas sedimentarias (formadas de los exoesqueletos de carbonato de calcio de invertebrados marinos fosilizados depositados en los mares antiguos), emergiendo así la sierra y las llanuras que bajan suavemente a la llanura costera y debido al proceso cárstico de disolución del carbonato de calcio de la roca de intemperización se dio origen a sierras huecas con simas, grutas, cuevas, cavernas oquedades, ríos subterráneos, resumideros, mogotes y fuentes vauclusianas o manantiales.

Debido a su origen cárstico, es decir de rocas calizas o carbonatadas provenientes de las profundidades marinas, la región Huasteca presenta variados tipos de rocas que se originaron en diferentes edades planetarias. Las más antiguas provienen del Jurásico y se ubican en la Huasteca Hidalguense, mientras que las más recientes son del Pleistoceno y están distribuidas en franjas en Tula y la desembocadura del Río Soto La Marina en Tamaulipas, así como la sierra de la Colmena en San Luis Potosí y la franja del Río Pánuco, Pantepec y Tecolutla así como sus desembocaduras en la zona costera de Veracruz (Fig. 2).

Figura 2. Geología de la Huasteca.

Topoformas

Igualmente debido a su origen cárstico la Huasteca es una zona de alta geodiversidad debido a la labranza que las lluvias y los vientos le han dado a las rocas carbonatadas a través del proceso de disolución, en ella podemos encontrar geoformas como playas, llanuras, valles, bajadas, lomeríos, cañones, sierras y mesetas (Fig. 3).

Figura 3. Topoformas de la Huasteca.

Geodiversidad y conservación

Así como existen regiones de alta biodiversidad, existen también regiones de alta geodiversidad (relacionadas íntimamente a las áreas montañosas), este término hace referencia al número y a la variación de las formas o elementos geológicos que existen dentro de un paisaje ya sean estos los patrones del relieve tipos de suelo, las rocas, recursos energéticos, acuíferos, recursos hídricos, sedimentos, estructura, minerales, fósiles, geometría y los procesos que dan originado cada una de las anteriores características y que son el resultado de la evolución terrestre (Jonasson et al., 2001; Gray, 2004; Santucci, 2005).

La Huasteca es una región de alta Geodiversidad, que incluso la UASLP a través de su campus en Ciudad Valles ha promovido la Huasteca Potosina como parte de la Red Global de Geoparques a nivel mundial y de aprobarse, sería el primer Geoparque en Latinoamérica.

“Un Geoparque es una zona protegida que cuenta con un patrimonio geológico de importancia internacional, en términos de su valor científico, rareza, o valor estético o educativo, que cumple con criterios de unidad y estética, además de otros elementos patrimoniales naturales y culturales; y es precisamente que dichos recursos, deben ser puestos en valor para promover el desarrollo de las comunidades locales, a través de una estrategia de gestión basada en la geo conservación y la sustentabilidad y este año, la Red Global de Geoparques está conformada por 111 denominaciones otorgadas a 31 países y de obtenerse esta denominación, brindaría a los habitantes de la región beneficios sociales, culturales, económicos y ambientales, enmarcados en actividades complementarias, proporcionadas por el turismo a través de su patrimonio geológico.” (Alfredo Lara Álvarez).

Diversidad Edafológica (INEGI, 2013)


En México hay alrededor de 21 tipos de suelos, de los cuales 19 están presentes en la Huasteca, es decir el 90% de los tipos de suelo de México están en la Huasteca, destacando en extensión los Vertisoles que están por casi toda la llanura costera de Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz y los Leptosoles que están en las zonas montañosas de Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro e Hidalgo, así como en menor medida los Phaeozems en la Sierra de Tamaulipas, la región de lomeríos de la Huasteca Baja de San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz, pegado a los litosoles de la sierra madre oriental.

Vertisoles

Del latín vertere, voltear. Literalmente, suelo que se revuelve o que se voltea. Suelos de climas templados y cálidos, especialmente de zonas con una marcada estación seca y otra lluviosa. La vegetación natural va de selvas bajas a pastizales y matorrales. Se caracterizan por su estructura masiva y su alto contenido de arcilla, la cual es expandible en húmedo formando superficies de deslizamiento llamadas facetas, y que al ser colapsables en seco pueden formar grietas en la superficie o a determinada profundidad. Su color más común es el negro o gris oscuro en la zona centro a oriente de México y de color café rojizo hacia el norte del país. Su uso agrícola es muy extenso, variado y productivo. Ocupan los distritos de riego. Son muy fértiles pero su dureza dificulta la labranza. En estos suelos se produce la mayor parte de caña, cereales, hortalizas y algodón. Tienen baja susceptibilidad a la erosión y alto riesgo de salinización. Su símbolo es (V). 

Leptosoles

También llamados Litosoles, del griego lithos: piedra. Literalmente, suelo de piedra. Son los suelos más abundantes del país pues ocupan 22 de cada 100 hectáreas de suelo. Se encuentran en todos los climas y con muy diversos tipos de vegetación, en todas las sierras de México, barrancas, lomeríos y en algunos terrenos planos. Se caracterizan por su profundidad menor de 10 centímetros, limitada por la presencia de roca, tepetate o caliche endurecido. Su fertilidad natural y la susceptibilidad a la erosión es muy variable dependiendo de otros factores ambienta­les. El uso de estos suelos depende principalmente de la vegetación que los cubre. En bosques y selvas su uso es forestal; cuando hay matorrales o pastizales se puede llevar a cabo un pastoreo más o menos limitado y en algunos casos se destinan a la agricultura, en especial al cultivo de maíz o el nopal, condicionado a la presencia de suficiente agua. No tiene subunidades y su símbolo es (I).

Phaeozems

Del griego phaeo: pardo; y del ruso zemljá: tierra. Literalmente, tierra parda. Suelos que se pueden presentar en cualquier tipo de relieve y clima, excepto en regiones tropicales lluviosas o zonas muy desérticas. Es el cuarto tipo de suelo más abundante en el país. Se caracteriza por tener una capa superficial oscura, suave, rica en materia orgánica y en nutrientes, semejante a las capas superficiales de los Chernozems y los Castañozems, pero sin presentar las capas ricas en cal con las que cuentan estos dos tipos de suelos. Los Feozems son de profundidad muy variable. Cuando son profundos se encuentran generalmente en terrenos planos y se utilizan para la agricultura de riego o temporal, de granos, legumbres u hortalizas, con rendimientos altos. Los Feozems menos profundos, situados en laderas o pen­dientes, presentan como principal limitante la roca o alguna cementación muy fuerte en el suelo, tienen rendimientos más bajos y se erosionan con más facilidad, sin embargo, pueden utilizarse para el pastoreo o la ganadería con resultados aceptables. El uso óptimo de estos suelos depende en muchas ocasiones de otras características del terreno y sobretodo de la disponibilidad de agua para riego. Su símbolo en la carta edafológica es (H).

Figura 4. Edafología de la Huasteca.

Diversidad Climática


La Huasteca se ver surcada por la línea del Trópico de Cáncer en el grado 23° 27’ respecto al ecuador, y ésta línea se ha relacionado a la transición climática latitudinal del planeta, encintando la llamada “zona intertropical”, en donde mientras del lado norte predominan climas más fríos y a menudo con variaciones diarias extremas, al sur del trópico comienzan los climas cálido-húmedos y por ende dan comienzo a los ecosistemas de origen neotropical, sin embargo, las sierras al oeste forman un gradiente altitudinal de corta distancia, generando así un variado matiz de climas que van desde los cálido húmedos en la llanura hasta los templados y fríos en las cumbres (Fig. 5).

Además la Huasteca tiene una yuxtaposición estratégica entre las montañas y el océano Atlántico, que hace que las masas de vientos alisios oceánicos del Golfo se carguen de vapor de agua y produzcan copiosas precipitaciones en verano en los llamados huracanes, mientras que en invierno se conjuguen con los vientos fríos de los polos y generen lluvias invernales localmente llamadas “nortes” que se asocian también a fuertes descensos de la temperatura y nevadas en las partes altas de la sierra.

Según la clasificación climática de Enriqueta García (1981) y modificada por el INEGI, en México hay alrededor de 61 unidades climáticas, de las cuales 19 están presentes en la región de la Huasteca, y de éstas 19, 6 son climas del tipo cálidos y abarcan un 90% de la región, siendo los climas cálidos-subhúmedos los predominantes en la llanura, mientras que nos vamos adentrando en las serranías y el gradiente altitudinal asciende, los climas se vuelven templados, y el otro lado de las sierras en la región de sotavente se vuelven climas áridos y fríos en las cumbres de las montañas de Hidalgo y Veracruz.


Figura 5. Climas de la Huasteca.
 
Diversidad Ecosistémica

Originalmente la Huasteca tuvo una cubierta vegetal exuberante de selvas en las llanuras de Veracruz y San Luis Potosí y las zonas bajas de Hidalgo, así como matorrales espinosos en las llanuras de Tamaulipas, mientras las llanuras iban dando paso a los lomeríos y las serranías al oeste, íbamos encontrando selvas caducifolias en las sierras bajas de Tamaulipas, San Luis Potosí y norte de Querétaro, para posteriormente encontrar bosques de niebla o mesófilos de montaña y bosques templados de encinos y coníferas en las sierras escarpadas, ya del otro lado, debido al fenómeno de sombra orográfica, la humedad atrapada del otro lado ha propiciado el desarrollo de comunidades vegetales de zonas áridas, apareciendo así los ecosistemas de matorrales xerófilos ya sea micrófilos y rosetófilos en Tamaulipas, Querétaro y algunas zonas escasas de la Huasteca de Hidalgo y matorrales submontanos en Tamaulipas y Querétaro (Fig. 6).

Sin embargo, actualmente la Huasteca ha sufrido una intensa transformación y aunque todavía podemos encontrar remanentes de la vegetación original, en su mayoría ya ha sido extirpada por actividades ganaderas, agrícolas y petroleras.
Figura 6. Ecosistemas originales que había en la Huasteca.

Tipos de vegetación y uso del suelo

Según la clasificación del INEGI Serie V (2011), en la Huasteca predominan los usos de suelo agropecuarios (58%) y la vegetación secundaria (18%) por sobre la vegetación original o primaria (24%), en primer lugar aquellas áreas de uso antropogénico presentan un aproximado de 4,159, 271.66 hectáreas, las zonas de vegetación secundaria o transformada tienen un aproximado de 1,233,685.93 hectáreas y finalmente la vegetación primaria o conservada tan solo ocupa 1,703,791.02 hectáreas, apenas un poco más arriba de la vegetación secundaria. Es una situación lamentable, pero reversible en la mayoría de los casos (Fig. 7).

Las zonas mayormente transformadas se ubican en la llanura de Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí y lomeríos de Hidalgo, debido a un intenso manejo desde la época de la colonia cuando se asentaron las haciendas españolas, mientras que las zonas montañosas de Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Veracruz y Puebla son donde se ubica la mayor parte de la vegetación secundaria y primara debido a su inaccesibilidad y en varios casos la baja densidad poblacional.

Las zonas mejor conservadas están la región montañosa de Tamaulipas, el norte de la región montañosa de San Luis Potosí y algunos fragmentos de Querétaro e Hidalgo. La zona mayormente transformada es la región de la Ciudad de Tampico y toda la llanura de Veracruz, la cual originalmente tuvo selvas altas perenifolias y ahora solo son potreros y zonas petroleras.
 

Figura 7. Tipos de vegetación y usos de suelo actuales de la Huasteca (hasta el 2011).

Hidrografía

La región de la Huasteca la divide la cuenca de San Fernando-Soto la Marina al norte, la Tuxpan-Nautla al sur y al centro abarcando la mayor parte, la cuenca del Pánuco (Fig. 8), éste último recibe agua del Río Tamesí en Tamaulipas, Tampaón en San Luis Potosí y Moctezuma en Hidalgo.

Debido a su estructura orográfica, la parte alta de las cuencas se ubican en las montañas de la sierra madre oriental, es aquí donde se precipita la mayor cantidad de lluvia y como la estructura de la sierras es muy porosa debido al origen cárstico, las montañas almacenan el agua que después aflorará en forma de veneros o manantiales en la parte baja, alimentando a los principales ríos que desembocan en el mar, de ahí la importancia de las montañas en la dinámica del flujo de agua que baña las llanuras y donde se han desarrollado más intensamente las actividades humanas aprovechando que los ríos suelen llevar agua la mayor parte del año.


Figura 8. Hidrografía de la Huasteca.
Diversidad cultural

En la Huasteca viven 1,092,965 personas que pertenecen a alguna etnia (Nahuas, Teeneks, Otomíes, Tepehuas, Totonacos y Xi´oi), de los cuales las tres etnias más abundantes son Nahuas (674,464 hablantes), Teeneks (224,950 hablantes) y Otomíes (64,484 hablantes) (Barrientos, 2013). Además hay 5896 comunidades donde se habla alguna lengua diferente al español (Fig. 9).

En un sitio multiétnico y biodiverso, también encontramos variedad de ecosistemas como los últimos relictos de selva alta perennifolia, además de selvas medianas perennifolias, subperenifolias, subcaducifolias y caducifolias, también bosques de encino, bosques de pino, bosques mixtos, bosques mesófilos de montaña, matorrales submontanos, encinares tropicales, encinares arbustivos y bosques de galería (Miranda y Hernández, 1963; Rzedowski, 1978 y Puig, 1991).


Figura 9. Etnias y sus lenguas en la Huasteca.
El paisaje biocultural

A lo largo de la historia prehispánica, colonial y contemporánea, la Huasteca ha sido escenario de intercambio cultural entre sus pobladores, convirtiéndola en una rica región que a su vez ha sufrido intensas transformaciones en su paisaje natural.

El paisaje biocultural Huasteco podría caracterizarse por dos zonas: la llanura costera y la sierra madre oriental. Según Puig, (1991), en la llanura costera podemos distinguir los dos siguientes grupos de paisajes:
Paisajes cultivados 
Pastizal cultivado.
Cultivos de caña.
Potreros delimitados con cercas vivas.

 Paisajes forestales 
Remanentes de selva mediana perennifolia o bosque tropical perennifolio.


Mientras que en la Sierra Huasteca podemos distinguir cinco grandes grupos de paisajes:
Selvo-pasoriles  

Forestales  

Forestales transformados


Cultivos 
 
Piedemonte oriental 

Debido a que la orografía y la geomorfología derivada del carso o roca caliza le han conferido un paisaje agreste denominado “sierra escarpada” (Carta Topoformas, INEGI), la huella del hombre ha sido menos manifiesta que en la llanura costera debido a que la han hecho menos accesible y difícilmente cultivable, por lo que es aquí donde se han conservado mejor los bosques.

Sin embargo, la sierra no ha sido una barrera infranqueable, pues desde tiempos prehispánicos ha sido un puente de intercambio cultural entre las civilizaciones de las mesetas altas del centro de México y las zonas bajas de la costa del Golfo.

Aunque el paisaje en la región de la Huasteca ha desempeñado un papel importante en cuanto al establecimiento y mantenimiento de una gran diversidad de especies vegetales y ecosistemas, por desgracia, como suele suceder en todas las zonas tropicales del mundo, han existido también muchos procesos sociales y económicos que han transformado y empobrecido los ecosistemas a través de modificaciones como la deforestación, la erosión y la apertura de centros poblacionales.

 




A finales de la colonia, la Huasteca comenzó a sufrir profundas transformaciones, pues los españoles trajeron arado con bueyes, se desmantelaron terrazas para que el arado pudiera acceder a ellas, la ganadería perturbó la naturaleza circundante debido a que muchos hatos y rebaños se volvieron cimarrones y miles de cabezas pastoreaban libremente en la vegetación natural, sin contar que de las selvas y bosques se extrajo madera y se tumbaron para sembrar caña de azúcar (Urquijo, 2008).

Sin embargo, la Huasteca no se ha salvado al tipo de manejo forestal- comercial anteriormente mencionado, y pese a ser un área sumamente biodiversa, en ella se han realizado plantaciones forestales mixtas que se limitan principalmente a cuatro especies exóticas: Tabebuia rosea, Swietenia macrophylla, Acrocarpus fraxinifolius y Gmelina arborea, combinadas con cultivos de maíz, palma camedor o café en sistemas agroforestales (Cruz, 2006).

Como podemos ver, a lo largo de la historia prehispánica, colonial y contemporánea, la Huasteca ha sido escenario de intercambio cultural entre sus pobladores originales pertenecientes a diferentes etnias, que situadas de norte a sur comprenden: Xi´oi (Pames), Teeneks (Huastecos), Nahuas, Otomíes de la sierra, Tepehuas y Totonacos, convirtiéndola en región multiétnica que además ha sufrido intensas transformaciones en su paisaje natural.  

Etnobotánica

Entre las diferentes étnias se ha venido forjando desde su concepción, una amplia cosmogonía acerca del mundo que les rodea incluyendo con ella el conocimiento de los seres vivos que tienen una relevancia en su existencia. Ya sea desde las necesidades básicas de alimento, vestido, techo y medicina, hasta la esencia misma de los organismos de la naturaleza que forman parte de su espiritualidad y comunión con el cosmos.

Los nahuas son sin duda la etnia más ampliamente distribuida en nuestro país y en la región biocultural de la Huasteca, abarcando principalmente el norte del estado de Hidalgo, compartiendo estrechamente el territorio serrano desde épocas prehispánicas con Teeneks, Otomíes, Totonacos y Tepehuas, tanto que sus variantes lingüísticas y arraigo cultural se han compenetrado hasta el punto de ser considerados como Nahuas de la Huasteca, compartiendo a menudo multitud de elementos con los Teenek al norte, mientras que a veces se confunden al sur con Otomíes y Tepehuas, especialmente en el municipio veracruzano de Ixhuatlán de Madero.





Los nahuas han sabido aprovechar al máximo los recursos naturales que hay en su entorno natural e impresiona la cantidad de plantas medicinales que conocen y utilizan para combatir las enfermedades más comunes a falta de la fe en el sistema de salud alópata y en la mayoría de las veces a la ausencia del mismo sistema en las comunidades más remotas de la sierra.



Las plantas leñosas son muy valoradas, pues ofrecen alimento de valor comercial como es el caso de los diferentes tipos de zapotes, mantes y mameyes (Pouteria sapota, Pouteria campechiana, Manilkara sapota, Casimiroa edulis) que aquí se cultivan, se consumen y se comercian, sin olvidar su vocación ancestral hacia los chiles que han domesticado y ahora cultivan, secan, tuestan y ahúman de manera prehispánica para producir el codiciado chilpoctli o chile chipotle.



En los mercados de Xilitla (San Luis Potosí), Chicontepec de Tejeda (Veracruz) y Huejutla de Reyes (Hidalgo) es común ver a los nahuas ofreciendo sus múltiples productos obtenidos de los cultivos de traspatio o de las colectas periódicas que hacen a los fragmentos del bosque tropical.



En el caso de los Teeneks, nombran más de 100 especies de árboles tropicales que tienen valor en su cotidianidad y denominan el te´lom literalmente como grupos de árboles, que en realidad son parcelas forestales y áreas donde realizan la recolección de recursos naturales para su sustento (Barrientos, 2013) compuestos por lo general de 2 hectáreas.

Además sus casas se componen de estructuras circulares hechas con horcones de chijol (Piscidia piscipula), jonote (Heliocarpus donnell-smithii) o icté (Cedrela odorata), que sostienen un techo cónico cubierto de palma (Sabal mexicana) y paredes de carrizo recubiertas de arcilla.

Todas las casas disponen de un solar donde cultivan plantas medicinales, comestibles, forrajeras, ornamentales y de otros usos que alguna vez obtuvieron del monte y han aprendido a domesticar y se han intercambiado enriqueciendo la diversidad vegetal de las comunidades. Utilizan también las especies leñosas que les proveen fibras y textiles para la elaboración de muchos de los productos que forman parte de su cotidianidad como sillas, sopladores, máscaras, mecapales, estropajos, redecillas, sogas, petates, bolsas, tortilleras y abanicos.




En la cosmogonía Teenek el oriente confiere a través del océano la música, las lluvias y el renacimiento, mientras que la sierra al poniente es tierra sagrada relacionada a la fertilidad, lo agrícola y la boca al inframundo a través de las cavernas, para ellos la vida está en las selvas y los montes y tienen sus viviendas en un contexto integrador con la naturaleza a la cual le brindan ofrendas a lo largo de los ciclos a cambio de seguir aprovechando sus recursos.




Los otomíes y Tepehuas de las sierras de Veracruz, Hidalgo y un pequeña fracción de Puebla, tienen una estrecha relación con las plantas, saben reconocerlas, también sus interacciones con la fauna, los ciclos de vida, la fenología y además sus propiedades positivas o en su caso, negativas (Villavicencio y Pérez, 2005). Es fácil observar que en su vida diaria suelen plasmar flores y plantas, ya sea en sus enseres y objetos de culto pero principalmente en los atuendos tradicionales femeninos. En la zona de San Pablito Pahuatlán en el estado de Puebla se impone el uso del papel amate como esencia viva de sus cosmogonía, esta fibra extraída de la especie Ficus glabrata se pinta a mano y con ella se recortan figuras zoomorfas y humanas que representan sus deidades, además en Tenango de Doria, San Bartolo Tutotepec y Huehuetla en el estado de Hidalgo se elaboran los tradicionales tenangos, prendas bordadas con motivos florales y animales. Erradamente en esta zona se ha impulsado una forma de progreso que promueve los monocultivos de especies frutales como la papaya y los cítricos de semilla mejorada (Toledo, 2005), además de zonas donde se siembra el cedro rojo (Cedrela odorata), que si bien es un especie nativa, el paisaje ha cambiado y ha ido disminuyendo la biodiversidad.